Historia de Argentina

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Se calcula que el área conocida hoy en día como Argentina ha estado habitada desde tan antiguo como alrededor del 10.000 AC, pero estas comunidades no eran tan numerosas como las de países cercanos como Perú y Bolivia. En las regiones del sur predominaban los pueblos nómadas, como los Mapuche que se movían por las partes central y sur de Argentina y al otro lado de la frontera, en Chile. En el norte se encontraban las comunidades indígenas más desarrolladas, debido a la influencia del Imperio Inca de Perú y de otros pueblos de Bolivia.

Era Colonial

El contacto documentado más antiguo de Argentina con Europa tuvo lugar en 1502 y más adelante en 1516 en emplazamientos a lo largo del Río de la Plata. El actual sitio de Buenos Aires era considerado poco favorable para la vida humana debido a sus duras condiciones, la presencia de enfermedades y los Querandi, comunidad bastante inhospitalaria, por lo que los europeos no se establecieron en éste lugar hasta 1536 (también es importante reconocer la opresión y consecuencias desastrosas que la ocupación europea supuso para los pueblos indígenas argentinos). Sin embargo, incluso este asentamiento fue abandonado al cabo de unos cuatro años y Buenos Aires y Argentina permanecieron fuera del interés del Imperio Español durante bastante tiempo (concentrándose en las regiones ricas en minerales del norte del continente, especialmente en Bolivia y Perú). A finales del siglo dieciocho (1770) comenzó a aumentar la importancia de Buenos Aires debido a su situación estratégica y a su puerto, centro de intercambio de recursos con Europa.

Independencia

Independence Buenos Aires, y más concretamente su ejército (sin ayuda española) resistieron varios ataques británicos a principios del siglo diecinueve, como consecuencia la autoestima de los habitantes aumentó en gran medida, al mismo tiempo que otras revoluciones ocurrían en diferentes partes del planeta, lo que condujo a una declaración de independencia de España el 25 de Mayo de 1810, acontecimiento plasmado en la plaza principal de Buenos Aires: Plaza de Mayo.

A pesar de ello, los habitantes de la ciudad y el resto del país permanecieron considerablemente divididos y discrepaban en cuanto al futuro político de una Argentina independiente, lo que desembocó, inevitablemente, en conflicto. La independencia se firmó en 1816 en Tucuman pero la estabilidad siguió siendo solo una quimera. Se sucedieron terribles luchas internas entre los Federalistas que demandaban más poder para las provincias y los Unitaristas que abogaban por la centralización del estado en su capital Buenos Aires. Estas ideas opuestas llevaron a una larga contienda que comenzó a remitir en 1853, cuando el primer presidente argentino redactó una constitución nacional aportando cierta imagen de unidad.

Confederación y República

Sin embargo, las diferencias de opinión subsistieron y las distintas ideas sobre el tipo de gobierno ejemplar para el estado argentino continuaban creando tensión. En 1859 la nación finalmente se unificó y Buenos Aires se convirtió en su capital en 1862. El segundo presidente de Argentina, Bartolomé Mitre, hizo del progreso de la nación una prioridad a través de la creación de una red de transporte, el desarrollo de la industria y la promoción del país como destino atrayente para los emigrante.

El Despertar de la Era Moderna

Las ultimas décadas del siglo diecinueve fueron una etapa decisiva para el desarrollo de la ciudad de Buenos Aires, favorecido por vastas corrientes migratorias de países europeos (especialmente España e Italia, aunque también de numerosos países del este). Esta avalancha en el desarrollo supuso que Argentina se convirtiera en una de las sociedades más prosperas de la época; la capital comenzó a transformarse en un sentido estético, gracias a la construcción de grandes avenidas de estilo parisino, plazas y edificios públicos. Los derechos políticos se volvieron más liberales y en 1912 se concedió el voto a la mayoría de la población masculina. Durante la primera guerra mundial y a pesar de los problemas económicos globales que supuso, Argentina mantuvo una posición sumamente saludable en los años 20 con uno de los PIB medios más altos del mundo.

El alzamiento de Juan Perón

The Rise of Juan Peron Esta riqueza relativa hizo que la caída económica del país fuera aún más grave y la inestabilidad provocó la imposición de un gobierno dictatorial respaldado por el ejército en 1930; el ambiente de los años siguientes era ideal para una revolución social. La situación político-económica, junto con la influencia de los movimientos laboristas y el crecimiento de los núcleos urbanos fueron constantes decisivas en el aumento de popularidad de Juan Perón y sus ideales. Perón ocupaba un puesto en el Departamento Nacional de Trabajo bajo otra dictadura militar que comenzó en 1943, y su influencia aumentó en estos años al conocer a su segunda esposa, Eva Perón (Evita) quien desempeñó un papel fundamental en su elección como presidente del país en 1946.

Evita fue una figura muy importante, idolatrada por muchos, con una habilidad especial para atraer a las masas que le ganó el apoyo de varios partidos laborales. El mandato de Perón estuvo caracterizado por una mezcla de tendencias democráticas y autoritarias y en el plano positivo incrementó los derechos políticos de aquellos que no los poseían hasta entonces, particularmente las mujeres y la clase trabajadora. Sin embargo, los problemas comenzaron al principio de la década de los cincuenta, con la muerte de Evita en el 52 y la inflación que afectó al país. Perón fue finalmente desbancado en otro golpe de estado en 1955 y exiliado a España.

Peronistas contra Antiperonistas

Las décadas de los 50 y 60 carecieron de un sentido de estabilidad y fueron testigo de numerosos golpes de estado militares, aumentó la inquietud social y se dieron tensas divisiones entre partidarios y contrarios a las ideas peronistas. Este ciclo de intervenciones militares acabo en 1973 con las primeras elecciones generales en una década. A Perón no se le permitió ser candidato pero Héctor Cámpora, representante del partido, ganó el referéndum, lo que condujo a la demanda, por parte de todos los grupos políticos, de la vuelta de Juan Perón al país, quien regresó en junio de 1973 y se convirtió en presidente en pocos meses. Perón falleció en Julio de 1974 y su esposa por aquel entonces, Isabel, le sustituyó en la presidencia, pero su liderazgo carecía de unidad política y fue complicado por una crisis económica seria y un incremento en la violencia dentro de Argentina.

La Guerra Sucia

Los golpes militares, una característica repetitiva en la historia Argentina, retornaron en 1976, cuando Isabel Perón fue expulsada del palacio presidencial, la Casa Rosada. Este golpe de estado trajo consigo una época de terror brutal, con el ejército eliminando a todo aquel contrario a sus ideas (conocido como la Guerra Sucia). El reino de terror afectó a profesores de Universidad, estudiantes y trabajadores que no comulgaban con los ideales militares. Se calcula que, durante los 7 largos años que duró este régimen militar, fueron asesinadas o simplemente desaparecieron unas 30.000 personas. Se encarceló, torturó o incluso se lanzó al río desde aviones a todo aquel sospechoso de tener ideas contrarias al estado, dejando a las familias de estas personas sin saber que había sido de ellos. Las consecuencias de este abuso de los derechos humanos ha dejado su huella en la sociedad argentina, y hoy en día, los parientes de los desaparecidos continúan manifestándose en ciudades de todo el país, exigiendo información sobre el paradero de sus seres queridos.

Regreso a la Democracia

La junta militar perdió credibilidad al principio de los años 80 debido a su record de violaciones de los derechos humanos, la desesperada situación económica y la derrota humillante a manos del Reino Unido en la Guerra de las Malvinas. En 1983 Argentina celebró elecciones democráticas con el resultado de un nuevo presidente, Raúl Alfonsín. Lo más notable de su mandato fue su compromiso  para con los desaparecidos con tentativas para localizar su paradero e hizo al ejercito responsable de los crímenes cometidos durante los años de la dictadura.

A pesar de este progreso positivo el nuevo gobierno se vio afectado por los problemas usuales de inflación y la tarea de mantener controladas a unas fuerzas armadas siempre influyentes. Fue un periodo de establecimiento de democracia y su consolidación no fue sencilla en absoluto. Como resultado de esta situación, el gobierno de Alfonsín abandonó antes de tiempo, después de que Carlos Menem ganara las elecciones en 1989.

Los 90

Como muchas figuras importantes de la historia argentina, Carlos Menem inspira opiniones contradictorias. Adoptó una postura política neoliberal a través de una rígida privatización de empresas anteriormente públicas, hecho que parece refutar totalmente sus principios peronistas. Gracias a cambios en la constitución, Menem pudo presentarse para reelección y ganó. Al contrario que con el gobierno de Alfonsín, el de Menem indultó a los militares de la dictadura anterior lo que provocó un aumento en la frustración de las familias de los desaparecidos. Fernando de la Rua ganó las siguientes elecciones en 1999 y su gobierno mantuvo mayormente la política neoliberal de Menem.



Crisis Económica

Sin embargo, la aplastante recensión económica que comenzó en los últimos años del gobierno de Menem, iba a afectar al país de manera drástica. El Fondo Internacional Monetario insistió en que Argentina pagara sus deudas, lo que estaba siendo muy difícil de conseguir. A finales del 2001, la cotización del peso cayo dramáticamente y se introdujo una nueva ley por la cual se limitó la cantidad de dinero que los argentinos podían extraer de sus cuentas bancarias durante los siguientes doce meses. Esto tuvo graves consecuencias, especialmente para la clase media que fueron testigos de como sus inversiones se paralizaban.

Estas medidas enfurecieron a muchos habitantes del país que salieron a la calle en masa a protestar, protesta conocida como el cacerolazo (llamaban la atención golpeando cazuelas y sartenes). El desorden y malestar dio paso a la violencia y se dieron enfrentamientos con la policía con el resultado de numerosas muertes. Con la dimisión del presidente y su abandono de la Casa Rosada comenzó una cadena de acontecimientos con varios presidentes tomando el poder en cuestión de semanas. Finalmente en enero del 2002 Eduardo Duhalde fue nombrado presidente y se le obligó a tomar duras decisiones económicas, incluyendo la devaluación del peso, a lo que siguió un periodo de grave inflación y de alto desempleo que continuó hasta bien entrado el 2002.

En ésta etapa de inestabilidad se dieron constantes protestas a medida que más y más gente veía como su situación económica empeoraba gravemente. Duhalde consiguió da al país cierta estabilidad y convocó elecciones en el 2003, que fueron ganadas por el candidato justicialista Néstor Kirchner, que inmediatamente anuló la amnistía de los militares acusados de tortura y abuso durante la dictadura. También reestructuró la deuda nacional con el Fondo Internacional Monetario y alejó de EEUU la política exterior de Argentina, para, en su lugar consolidar lazos con otras naciones latinoamericanas. Las siguientes elecciones en el 2007 fueron ganadas por la mujer de Néstor, Cristina Kirchner, quien paso a la historia como la primera presidenta oficialmente elegida de Argentina. Una vez más hubo opiniones encontradas sobre la eficacia del gobierno pero la situación socioeconómica es más estable ahora que a principios de siglo.
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